Nasdaq 100, el índice de las tecnológicas

Nasdaq 100

En 1985 se lanzó al mercado (aunque fue desarrollado en 1971) el Nasdaq 100, un índice que estaba llamado, al menos hasta el momento, a aglutinar a muchas de las empresas más valiosas del mundo, empresas que en la mayoría de los casos o bien no existían en el momento de la creación del índice bursátil, como por ejemplo Google -Alphabet-, Amazon, Tesla o Paypal -en estas últimas el magnate Elon Musk tuvo un papel fundacional importante- o bien no eran las grandes corporaciones que son ahora, como lo son Apple -fundada en 1976- y Microsoft -fundada en 1975-, y sin embargo la suma de sus capitalizaciones es mayor que la de muchos de los países más prósperos, lo cual a su vez convierte este índice en uno de los que más ha crecido en los últimos años.

Tal ha sido su éxito que el Nasdaq 100 se utiliza no sólo invirtiendo dinero en él directamente, sino que existen fondos cotizados que replican su comportamiento e incluso se utiliza en el trading con contratos por diferencia, aunque éxito no es sinónimo de seguridad -eso no existe al cien por cien en el mundo de las inversiones- y todas las formas de operar con el Nasdaq 100 conllevan riesgos.

Un índice fuerte… no exento de sus crisis

Desde su creación hasta la actualidad el Nasdaq 100 ha crecido sin parar si se toma la gráfica de forma global, pero también ha sufrido descalabros importantes, de hecho desde su salida al mercado en 1985 hasta el mediados/finales del 2000 el índice había experimentado un saludable crecimiento, el cual se aceleró de forma notable entre los años 1997 y 2000, tanto que casi triplicó su cotización… hasta que reventó la conocida como burbuja puntocom  y el índice perdió gran parte de su capitalización en unos meses, hasta volver a niveles previos a los del 97, de forma similar a lo que ocurrió con el criptomercado en el 2018, de hecho la comparación se utilizó, era demasiado tentador no hacerlo.

Aunque en la actualidad el índice se ha recuperado y ha crecido hasta niveles impensables incluso en los mejores tiempos de la burbuja puntocom, aquella crisis se llevó por delante los ahorros de mucha gente que pensaba que las empresas tecnológicas relacionadas con internet sólo podían crecer y crecer -al fin y al cabo era la época de la gran expansión de la red de redes, y mucha gente tuvo su primer acceso a la triple uve doble en aquellos años- pero no todo lo relacionado con esa tecnología era oro, y muchos proyectos no tenían nada detrás, lo cual terminó por afectar muy negativamente a un índice tan prestigioso en la actualidad como es el Nasdaq 100, a pesar de lo cual las tecnológicas no han dejado de crecer al satisfacer cada vez más necesidades, que estas sean reales o creadas artificialmente ya es otro asunto.

El papel de las empresas del Nasdaq 100 en la coyuntura actual

La última tecnología, el modo de vida que quiere mantener la sociedad actual y los retos a futuro que el planeta debe afrontar son tres factores íntimamente relacionados entre sí, no en balde el deseo de disfrutar de aire limpio en las ciudades en las que vivimos y de paso reducir la cantidad de gases de efecto invernadero a nivel global han ayudado a Tesla a convertirse en una de las empresas más capitalizadas del mundo gracias a sus coches eléctricos, y a su vez, el deseo de estos gigantes tecnológicos de presentar una cara amable a su público, el interés de los propios directivos de garantizar la supervivencia del mundo en el que viven y su gran capacidad económica han hecho que empresas como Amazon creen fondos mil millonarios con el objetivo de invertir en startups enfocadas a la creación de tecnologías que reduzcan las emisiones de los gases responsables del calentamiento global, lo que a su vez puede ayudar a cimentar una incipiente industria del cuidado del medio ambiente que no sólo cree riqueza, sino también tenga el efecto secundario de proteger el planeta, y todo ello sin costarle dinero al contribuyente.

Además también cabe destacar el papel que han tenido estas empresas durante la pandemia que está terminando a la hora de mantener al mundo conectado y en funcionamiento durante lo peor de los confinamientos masivos, lo que ha aumentado tanto su valor como su prestigio.

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