Separación sin estar casados: ¿cómo es el proceso?

Separación

Las separaciones siempre son procesos complejos que implican una alta carga emotiva, especialmente cuando hay hijos de por medio, independientemente de si se trata de un matrimonio que atraviesa un divorcio o bien de una pareja que nunca contrajo nupcias, pero igualmente, formó una familia y desean seguir caminos separados.

En este sentido, es importante destacar que una separación con hijos sin estar casados implica, con respecto a derechos y deberes, las mismas responsabilidades que de una pareja que se divorcia. El proceso, en el caso de una pareja que se separa sin contraer matrimonio, pero tiene hijos en común, se denomina guarda y custodia o bien medidas paternofiliales.

Separación sin estar casados

El proceso de separación de una pareja que no está casada, pero sí tiene hijos en común es un poco más sencillo que el de un matrimonio que se divorcia, especialmente en lo que respecta a temas de propiedades. Sin embargo, en lo que se refiere a todo lo relacionado con el cuidado y bienestar de los hijos es, básicamente, igual.

La diferencia anterior, por supuesto, tiene un impacto importante en los costos de la separación, especialmente cuando la misma es de mutuo acuerdo. Una de las razones por las que resulta tan conveniente el mutuo acuerdo, además de la estabilidad emocional de los implicados, es la rapidez del proceso y por supuesto, el ahorro económico que ello implica.

De hecho, la pareja puede contratar los servicios del mismo abogado, que puede llegar a tener un costo estimado de apenas 150 euros por cada miembro de la pareja. Esta cifra, por supuesto, es mucho más baja que lo que implicaría un proceso judicial en donde no logran llegar a acuerdos satisfactorios, lo cual se puede elevar considerablemente. De allí que la planificación y hacer de lado, aunque sea difícil, las emociones, constituya uno de los mejores consejos antes de separarse.

Al igual que una pareja que se divorcia, todo lo relacionado con las medidas paternofiliales deben quedar reflejadas en un documento que se conoce como convenio regulador. En ese documento se debe expresar, con todo tipo de detalles, todo lo relacionado con la custodia de los hijos, visitas, horarios, responsabilidades económicas, hogar de los niños y demás aspectos esenciales para la estabilidad emocional y económica de los mismos.

De allí que la separación con hijos menores sin haber contraído matrimonio sea sumamente similar a un divorcio tradicional, al menos en lo que respecta a plazos, procedimientos, trámites y demás. En general, se trata de un procedimiento que ofrece, exactamente, las mismas garantías a los hijos de matrimonios que se separan.

Dudas antes de la separación

Por otro lado, otra de las dudas más comunes que surgen cuando existe el deseo de separarse es “si me separo no tengo donde ir”. Si bien ya se trata de una cuestión mucho más personal que debe ser analizada antes de tomar una determinada decisión, lo ideal, por supuesto, es que haya cierta independencia económica. Sin embargo, dependiendo de la situación, a veces es posible optar por lo que se conoce como una pensión compensatoria, siempre y cuando exista un importante desequilibrio económico.

El objetivo, por supuesto, es encontrar una solución porque no es ideal que una pareja que ya no se lleva bien, continúe compartiendo el mismo techo porque, generalmente, ello tiene un impacto sumamente negativo en la salud mental y emocional de cada uno de los implicados, muy especialmente en los hijos que viven bajo ese ambiente de tensión y problemas de forma constante.

Sin lugar a dudas, las principales dudas que surgen al momento de plantearse un divorcio es la estabilidad de vivienda, la carga económica y, por supuesto, todo lo relacionado con los hijos. De allí la importancia de contratar los servicios de abogados especializados en el área antes de tomar una decisión porque puede ayudar a despejar muchas dudas. Así mismo, hacer un esfuerzo por llegar a acuerdos es lo más recomendable para evitar tener que llegar a tribunales, lo que traduce en un costo mucho más elevado, largos tiempos de espera para la resolución y una mayor carga emocional.

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