Cuando un Mac que iba a la perfección empieza a comportarse de forma diferente, lo primero que suele venir a la cabeza es que falta memoria RAM, pero la realidad es que, en muchas ocasiones, el problema tiene más que ver con la forma en la que macOS administra los recursos que con la cantidad de memoria instalada.
Antes de plantearse cambiar de ordenador, merece la pena revisar algunos ajustes del sistema para devolver parte de la agilidad perdida. Si quieres ampliar esta información, en esta guía sobre cómo liberar RAM en el Mac encontrarás otras recomendaciones útiles para comprender mejor cómo gestiona la memoria macOS.
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Empieza por averiguar qué está ocurriendo
Es bastante habitual cerrar aplicaciones al azar con la esperanza de que el ordenador vuelva a funcionar con normalidad, pero macOS incorpora una utilidad llamada Monitor de Actividad que permite ver qué procesos están utilizando más memoria en cada momento. Basta con dedicar un par de minutos a revisarla para descubrir si una aplicación concreta está consumiendo muchos más recursos de los que debería. El propio soporte de Apple explica cómo interpretar estos datos y, especialmente, el indicador de presión de memoria, mucho más representativo que el porcentaje de RAM ocupada.
En ocasiones basta con reiniciar una aplicación para que todo vuelva a la normalidad, otras veces el problema desaparece tras instalar una actualización que corrige un fallo detectado por el desarrollador.
El inicio del sistema y el navegador influyen más de lo que parece
Cada programa que se abre automáticamente al iniciar sesión ocupa una parte de la memoria disponible, aunque permanezca en segundo plano y apenas se utilice. Cuando se acumulan varias aplicaciones de este tipo, el ordenador empieza la jornada con una carga innecesaria.
Por este motivo, conviene revisar de vez en cuando la lista de elementos de inicio y preguntarse cuáles son realmente imprescindibles. Es frecuente encontrar herramientas que se instalaron hace meses y siguen ejecutándose sin aportar nada al trabajo diario.
Asimismo, un navegador suele consumir más memoria que varias aplicaciones juntas. Cada pestaña activa que se tiene abierta mantiene procesos, contenido multimedia o scripts que siguen utilizando memoria, aunque ya no se estén consultando.
Cerrar las páginas que han dejado de ser útiles y revisar las extensiones instaladas es mucho más eficaz de lo que muchos usuarios imaginan. Algunas extensiones permanecen activas constantemente y aumentan el consumo de recursos sin ofrecer un beneficio real.
Mantener macOS actualizado y menos sesiones en segundo plano
Las actualizaciones incorporan mejoras relacionadas con la estabilidad del sistema y la gestión de la memoria. Retrasar durante meses la instalación de una versión estable puede hacer que el ordenador siga arrastrando errores ya solucionados. Por eso conviene comprobar periódicamente si existe alguna actualización pendiente.
Por otro lado, las aplicaciones de sincronización, las plataformas de mensajería o determinados servicios permanecen funcionando incluso cuando sus ventanas están cerradas. Ese comportamiento es completamente normal, pero no significa que deban estar siempre activos. Cerrar aquellos programas que no se van a utilizar durante varias horas libera memoria y evita que el sistema tenga que repartir recursos entre procesos innecesarios.
En definitiva, revisar qué aplicaciones permanecen abiertas, controlar los programas que arrancan junto al sistema, actualizar macOS y consultar el Monitor de Actividad de forma puntual son hábitos sencillos que ayudan a mantener el equipo funcionando con mayor soltura.
